

Y un día, desapareceremos todos: los autores de la tragedia , los autores de la comedia , y también los autores de la farsa.
¡Cuidado con el hastío!
Se agotarán el atrezo enfático, dador de fingida “verdad escénica” y la traviesa tramoya que lo organiza.
¡Los personajes, ay los personajes! Sus cuerpos empalados e insepultos -al igual que el de Polinices- no recuperarán jamás sus almas, que es lo mismo que decir los espacios que hoy profanan usándolos para fines distintos de los concebidos por las normas éticas y la ley.
Se acabarán el festín de los empréstitos y las cuotas accionarias concedidas como correlato del silencio o del tráfico de influencias.
Un día, el chorizo de los desaciertos provocará la indigestión general, y el alimento “político” se volverá insoportable en los estómagos de “los muchos”.
Un día, esta democracia, que tan obstinadamente se trata de obliterar a fuerza de indiferencia y de bellaquerías, va a parir la espantosa criatura de la rebelión.
Porque la paciencia elástica que ha permitido la consolidación del caos se volverá rígida y frágil, y al menor tropiezo dará al traste con la paz, esa paz que tanto se enarbola y se desdeña a la vez.
Ahora me aparto de la metáfora y, para alcanzar el entendimiento de los necios, advierto a los “animales políticos”, a nuestros organizados “empresarios”, a jueces, diputados, senadores, funcionarios de primera, de segunda y de tercera que cuiden lo que tenemos porque, en la garata, pierde más quien más ha acumulado, y la espada del soberano hiere más profundamente a quienes más han herido éste, pero, sobre todo, a los que identifica como sus verdugos.
No jueguen con la dignidad ajena, no subestimen a “los muchos”, protejan lo que tienen, no dejen que la ambición les rompa el saco.
Siento una gran preocupación por el derrotero que transita nuestra sociedad.
Y, por favor, no le pongan color partidario a esta preocupación, esto no comenzó ayer.
Los que más tienen qué perder deberían aportar su concurso para que los bienes públicos alcancen con más acierto y eficacia a las mayorías.
Recuerden que no hay nada más aguerrido que aquél que no tiene nada que perder, ya que cuando decide avanzar solo le quedan dos caminos: o gana o empata.
Y es que, desde el suelo, lo único que se puede es ascender.
Hagamos un alto a esta carrera desenfrenada.
Hay que poner esta construcción política que tenemos a recaudo de la aparición de un mesías populista.
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