Impacto humanitario y de seguridad para la región y diáspora dominicana
Estados Unidos deportó el jueves a más de 160 haitianos tras el fin del TPS, un hecho que repercute en la estabilidad del Caribe y en las comunidades dominicanas vinculadas a Haití.
El vuelo con los deportados aterrizó en Cabo Haitiano, no en Puerto Príncipe, porque el aeropuerto internacional de la capital haitiana se considera demasiado peligroso. Washington mantiene prohibidos los vuelos comerciales estadounidenses a Puerto Príncipe hasta principios de septiembre por la violencia de las pandillas.
Los deportados vestían de blanco y muchos cubrieron sus rostros por seguridad. Casi todos se negaron a hablar por temor a ser blanco de pandillas que controlan aproximadamente el 70% de Puerto Príncipe y extensas zonas más allá.
Jean Négot Bonheur Delva, director general de la Oficina Nacional de Migración de Haití, informó que entre los deportados había beneficiarios del TPS y haitianos que habían cumplido condenas de prisión. Dijo que algunos no nacieron en Haití, aunque son de ascendencia haitiana, y que varios planeaban viajar a la región sur del país caribeño, un trayecto peligroso porque las pandillas controlan las rutas principales.
Delva señaló que un migrante dijo venir de República Dominicana, donde nació, y que el gobierno intentaría reunirlo con familiares en Haití o en República Dominicana. Funcionarios haitianos ofrecieron a los deportados hasta 65 dólares y algo para beber y comer. Activistas advierten que Haití es demasiado peligroso para recibirlos.



