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Deportes: Cartas a los lectores
Creado: 01.06.2026 | 14:14 Actualizado: 01.06.2026 | 14:15 Ayer domingo, República Dominicana celebró el Día de las Madres.
Hubo flores, canciones y discursos sobre el amor maternal.
Hubo promociones comerciales y mensajes oficiales hablando de “la mujer dominicana como el corazón del núcleo familiar”.
Pero en cientos de hogares dominicanos hubo silencio.
Un silencio pesado, doloroso e insoportable.
El silencio de las hijas que este año no pudieron abrazar a sus madres porque fueron víctimas de un feminicidio.
El silencio de las madres que enterraron a sus hijas antes de tiempo.
El silencio de los niños que todavía preguntan cuándo volverá mamá.
Opinión El Nacional Y mientras el país celebraba, esas familias enfrentan una verdad bestial: En República Dominicana ser mujer sigue siendo un peligro mortal.
Durante veinte años, el feminicidio ha dejado una herida abierta sobre la sociedad dominicana.
Más de 1,800 mujeres asesinadas entre 2005 y 2023.
Miles de hijas creciendo sin madre.
Miles de madres cargando el ataúd de las muchachas que parieron, criaron y soñaron ver envejecer.
¿Qué puede sentir una madre cuando recibe la llamada que le anuncia que su hija fue asesinada por el hombre que decía “amarla”? ¿Cómo se reconstruye una hija que vio a su padre matar a su madre? ¿Cómo duerme una niña después de escuchar disparos o gritos detrás de una puerta? La República Dominicana está llena de esas preguntas.
Pero el Estado parece demasiado ocupado produciendo estadísticas incompletas y planes tardíos para escucharlas porque, incluso en medio de esta tragedia nacional, el país ni siquiera tiene cifras claras y unificadas sobre cuántas mujeres están siendo víctimas de feminicidio.
En este país cada institución maneja números distintos y cada organismo ofrece balances diferentes.
Las estadísticas aparecen dispersas, atrasadas o contradictorias, y detrás de ese caos institucional hay algo todavía más grave: la vida de las mujeres no ha sido tratada como prioridad nacional.
Las autoridades reaccionan después de cada horror.
Nunca antes.
Prometen nuevas estrategias, anuncian nuevas mesas de trabajo, lanzan campañas y pronuncian discursos.
Pero las mujeres siguen muriendo y las madres siguen enterrando hijas.
En muchos casos, esas mujeres habían denunciado amenazas previas.
Habían pedido ayuda.
Habían alertado sobre agresores violentos.
Algunas acudieron a destacamentos policiales.
Otras buscaron órdenes de alejamiento.
Felipe Lora Longo Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación Lo más reciente Tomás Vidal Rodríguez Agencia EFE Ronny Mateo Shawell Peña Tomás Vidal Rodríguez.



