Dos días después de Pio X, el 22 agosto 1914 fallecía Mons.
El pequeño Roncalli y la Gran Guerra
Radini – Tedeschi, a quién Ángelo Roncalli había servido como secretario.
Sus últimas palabras fueron: “Ángelo, reza por la paz”.
La elección del Cardenal della Chiessa, gran amigo de Radini – Tedeschi le consoló.
Tomó el nombre de Benedicto XV.
En 1907 Pío X había nombrado a Della Chiessa arzobispo de Bolonia para evitar que fuera nuncio en España.
El papa no quería a un amigo del Cardenal Rampolla en esa posición.
Normalmente quien ocupase la sede Bolonia era nombrado cardenal.
Pío X esperó siete años para hacerlo.
Fue nombrado cardenal el 25 de mayo, 1914.
¡Tres meses más tarde era nombrado papa! Muerto Radini – Tedeschi, Roncalli dedicó más tiempo a la enseñanza de la historia de la Iglesia en el Seminario y en la Casa del Pueblo, donde muchos adultos se beneficiaban de también de sus cursos.
En mayo de 1915 Roncalli fue reclutado.
Se dejó crecer un tremendo bigote para no diferenciarse de sus compañeros de armas.
Sirvió como camillero y capellán.
Roncalli supo del desprecio de muchos italianos hacia el papa Benedicto por sus repetidos llamados a la paz.
En vez de “Benedetto”, le llamaban “Maldetto”.
Roncalli fue despedido honorablemente del ejército en diciembre del 1918.
Volvería a ser espiritual del Seminario, a ocuparse de una casa de estudiantes y tendría que dotarla de todo lo necesario.
También fue capellán de la Unión de Mujeres católicas.
Roncalli no compartía el triunfalismo católico de la postguerra.
Asiste a una distribución de premios en un colegio jesuita.
Y escribe: “los ensayos que leyeron los estudiantes estaban llenos de gritos de batalla.
Parecían siempre tener un látigo en la mano.
Tienen el espíritu de Elías y poco del Sagrado Corazón.
Si alguno de nuestros enemigos hubiera estado presente, dudo mucho que les hubieran convencido o atraído…Yo pudiera estar equivocado.” En su retiro espiritual de 1919: “honores y distinciones, incluso en el mundo eclesiástico son vanidad de vanidades”.
Aprovecha la oportunidad de viajar a Roma para un congreso sobre la participación de la mujer católica.
La conferencia aburrida.
“Debo confesar que mientras más viejo me pongo, menos me gusta la atmósfera romana.
Yo aquí soy un peregrino y aunque hay mucho por hacer, a mí no me gustaría vivir aquí” (Hebblethwaite, 1985: 94-95)..
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