
La visita a San Pedro de Macorís ha revelado una transformación profunda en la economía dominicana. Donde antes predominaban los ingenios azucareros con un modelo de baja productividad, ahora emerge una arquitectura agroindustrial que integra tierra, energía, biomasa, mecanización y sostenibilidad. Este cambio sugiere que la clave no es abandonar los sectores históricos, sino transformarlos en plataformas modernas de valor agregado e innovación.
El artículo 8 de la Constitución establece que la función esencial del Estado es proteger los derechos y la dignidad de la persona. Sin embargo, esa dignidad requiere economía real, empleo formal y empresas capaces de generar valor sostenible. El azúcar, que fue columna vertebral de la economía nacional durante gran parte del siglo XX, ahora se reduce a tres operaciones privadas y un ingenio estatal residual, evidenciando la necesidad de repensar el modelo productivo.