
El dinamismo económico nacional impulsa bienes raíces, remesas y ahorro en la región Sur.
El Global Wealth Report 2026 de Boston Consulting Group (BCG), presentado por Joaquín Valle Del Olmo, revela que la riqueza neta de RD pasó de US$190,000 millones en 2020 a US$340,000 millones en 2025, con un crecimiento anual de 13.4% (2020-2024) que impacta directamente en la economía local de Barahona y el Sur.
El informe, dado a conocer por el director general y socio senior de BCG en Lima, Joaquín Valle Del Olmo, destaca que el crecimiento de la riqueza en República Dominicana (13.4% anual entre 2020-2024) supera ampliamente el promedio global (2.5%) y el de Latinoamérica, lo que se refleja en la región Sur en sectores como la construcción, el turismo y las remesas, vitales para Barahona y comunidades como Polo, Cabral o Paraíso.
Valle Del Olmo explicó que el 'boom' de activos reales (bienes raíces) creció a un ritmo de 14.8% anual entre 2020-2024, muy por encima de la riqueza financiera (6.3%). En el Sur, esto se traduce en una mayor inversión en viviendas y proyectos turístico-inmobiliarios, impulsados por la diáspora dominicana que envía remesas y adquiere propiedades en zonas como Bahía de las Águilas o Barahona, mejorando el patrimonio de las familias locales.
El informe también subraya que el segmento masivo (hasta US$250,000) concentra el 43% de la riqueza financiera del país, frente al 27.8% global, y que se espera que suba al 44.4% en 2030. Esto sugiere que el crecimiento beneficia a la clase media en expansión, incluyendo a los hogares del Sur, que ven mayor acceso a crédito y a productos de ahorro formal como seguros de vida y pensiones, que crecieron 17.4% anual (2020-2024).
Para la región Sur, la proyección de que la riqueza nacional alcance los US$460,000 millones en 2030 (crecimiento anual de 5.9%) es una señal de que sectores clave como la construcción, el turismo y las zonas francas seguirán dinamizando la economía local. Valle Del Olmo atribuyó este desempeño al crecimiento económico sostenido, la estabilidad macroeconómica y el fuerte vínculo con la diáspora, factores que también benefician a las comunidades del Sur, donde la vivienda sigue siendo el principal activo de las familias.



