El esfuerzo del Estado es real, pero el aprendizaje sigue en deuda
Este lunes, más de dos millones de estudiantes y más de 120,000 docentes regresaron a las aulas. El Estado distribuyó tres millones de libros, 1,500 aulas nuevas y kits escolares que ahorran entre 4,000 y 5,000 pesos por familia, pero la calidad educativa sigue en entredicho.
El despliegue del Estado para el año escolar 2026-2027 es notable: tres millones de libros de texto, mil quinientas aulas nuevas, cientos de miles de kits escolares y una jornada de verano que capacitó a más de 180,000 técnicos y docentes. Quien niegue el esfuerzo falta a la verdad, pero quien lo confunda con el resultado falta a los niños.
La paradoja es que, desde 2013, se invierte el 4% del PIB en educación preuniversitaria y se construye como nunca, pero la última medición internacional disponible colocó al país en el puesto 79 de 81 sistemas evaluados, solo por encima de Paraguay y Camboya. Nueve de cada diez estudiantes de 15 años no alcanzan el nivel básico en matemáticas, y el rezago frente a países desarrollados equivale a siete años de escolaridad.
El problema no es solo cuánto entra al aula, sino qué ocurre dentro de ella. La figura del maestro es clave: seleccionar a los mejores, formarlos con exigencia, pagarles con dignidad y devolverles la autoridad social. Una sociedad que convirtió a sus maestros en empleados intercambiables no debería sorprenderse de cosechar aprendizajes intercambiables.
Además, ningún edificio escolar puede sustituir a la familia. La escuela necesita el respaldo del hogar para que los aprendizajes sean significativos. El reto para el próximo año escolar es convertir la inversión en resultados concretos y medibles.



