El director de Casa de Teatro propone una mirada esperanzadora en medio de la vida diaria
Freddy Ginebra, director de Casa de Teatro, reflexiona sobre la presencia del cielo en los gestos humanos más simples, desde la risa de una madre hasta la compasión en los hospitales.
El gestor cultural Freddy Ginebra, director de Casa de Teatro, comparte una reflexión personal sobre dónde se encuentra el cielo. Para él, no está en un lugar lejano ni después de la muerte, sino en lo cotidiano: en la risa de una madre cuando su hijo regresa, en el abrazo sin palabras, en el café compartido a media tarde y en la mano que se extiende cuando todo parece derrumbarse.
Ginebra también lo ha visto en los hospitales, donde la enfermera acaricia la frente del paciente, el médico se queda unos minutos más para explicar con paciencia y el familiar no se mueve de la silla por amor. Allí, en medio del dolor, florece una ternura que solo puede venir de un lugar luminoso, y uno entiende que el cielo no siempre es ausencia de sufrimiento, sino presencia de compasión.
El cielo también se revela en los amigos que llegan sin ser llamados, en la conversación larga que salva una noche difícil, en la lealtad y en el silencio que acompaña sin exigir. Y en el arte: una canción que desarma, un poema que parece escrito para nosotros, una pintura que obliga a detenernos. Los artistas abren pequeñas ventanas hacia ese lugar donde todo tiene sentido.
Sobre todo, Ginebra lo encuentra en la fe, no la solemne de los templos, sino en la confianza íntima que nos hace levantar cada mañana y en la esperanza testaruda que se niega a morir. El cielo, concluye, no es un destino al que se llega, sino un lugar que se crea cada vez que amamos de verdad, perdonamos o elegimos ser luz en la vida de alguien.



