

A finales de los años 80, la Policía detiene un intelectual y catedrático universitario.
La detención “David”
Sus familiares se acercaron a mí, a sabiendas de que yo laboraba en el Palacio Nacional , para que ayudara en su liberación.
Este personaje, que yo le llamaba “David”, su apodo de guerrillero del movimiento 14 de junio, lo conocí siendo apenas un niño, ya que por largos periodos vivía en un closet de mi casa, protegido junto a otros, para evitar que lo mataran en los 12 años.
Lo detuvieron porque tenía una ficha abierta desde el referido período, por pertenecer a los grupos de izquierda.
Algo insólito era que ese expediente estuviera abierto todavía en esos años.
La familia estaba muy preocupada.
En ese momento era un reconocido profesor universitario, dirigente de un partido político de izquierda, que lo único que le imputaban era haber pertenecido a los movimientos revolucionarios.
A eso de las dos de la madrugada fui al “plan piloto” donde estaba recluido y un capitán que se encontraba de turno me dijo que tenía que esperar al otro día a que llegara el coronel para resolver la situación.
Pedí ver al preso y me permitieron entrar y conversar un rato.
Al otro día el coronel no apareció por parte y el personaje ya tenía más de 24 horas preso.
Me tuve que ir a mi oficina y ese preciso día me correspondía recibir unas visitas, al final de la segunda de ellas le dije al presidente Balaguer que quería decirle algo.
Le comenté lo que estaba pasando con el referido catedrático, señalándole que yo sabía que no era su amigo, pero que se trataba de una injusticia.
Cuándo le expliqué en detalle la situación, se incomodó mucho y me cuestionó que si había cometido algún delito y yo le reiteraba que absolutamente nada, simplemente era por su militancia.
Me repitió dos veces: “eso es imposible”.
Dio la coincidencia de que precisamente estando yo dentro todavía, le anunciaron que el jefe de la Policía estaba esperando para despachar, como lo hacía diariamente, y me pidió que me quedara adentro y cuando pasó lo primero que le cuestionó fue el porqué “David” estaba detenido y el comandante le explicó que se trataba de un seguimiento a esas personas que habían sido “cabezas calientes” en el pasado, pero que él sabía que no había cometido ninguna infracción.
En ese momento, se acabó la cita de ese día del jerarca policial, y el presidente con sarcasmo le dijo: “a quien usted deber meter preso es a mí, ya que yo tengo una actividad más revolucionaria que ese individuo”.
El general tragó en seco y no encontró que decir.
El presidente le instruyó que fuera en ese momento conmigo a soltar a ese señor y me lo entregara para yo llevarlo a su casa.
Mientras me decía: “Infórmame como transcurrió todo, si le causaron algún daño y cómo podemos ayudarlo”.
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