

Con la muerte del presidente Antonio Guzmán Fernández ocurrida el 4 de julio de 1982, tras haberse disparado la noche anterior, la República Dominicana enfrentó uno de los momentos más difíciles e inciertos de su historia democrática.
Los 43 días de Jacobo Majluta
En medio de la conmoción nacional, se inició el gobierno de Jacobo Majluta Azar, un breve mandato de tan solo 43 días, pero de extraordinaria significación y trascendencia histórica, porque garantizó la continuidad del Estado, la transferencia constitucional del poder y la preservación de la institucionalidad democrática de la nación Los 43 días de gobierno de Jacobo Majluta abarcaron el período comprendido entre el 4 de julio y el 16 de agosto de 1982, Durante ese tiempo asumió la Presidencia de la República conforme al mandato constitucional, tras el inesperado y trágico fallecimiento del presidente Antonio Guzmán Fernández, en circunstancias que generaron incertidumbre, preocupación, numerosas especulaciones y teorías comparativas en todo el país.
En la madrugada del 5 de julio de 1982, el doctor Néstor Contín Aybar, presidente de la Suprema Corte de Justicia, le tomó el juramento constitucional, dando cumplimiento a las disposiciones de la Constitución de la República.
A partir de ese momento, el nuevo presidente, Jacobo majluta, informó al país sobre los acontecimientos sucedidos, con evidente consternación y profundo pesar, pero también con la serenidad, el valor y la firme determinación de cumplir el deber que la nación le imponía.
Durante su corto mandato, Jacobo Majluta fue reconocido por el manejo prudente de la crisis política y económica.
Su gobierno adoptó medidas orientadas a estabilizar la economía nacional, controlar el costo de productos de primera necesidad y aliviar las dificultades que enfrentaban los sectores más vulnerables.
Bajo los precios de la canasta básica.
Estas decisiones contribuyeron a recuperar la confianza de la población y a devolver la esperanza en un momento particularmente complejo para la vida nacional.
Pero su mayor contribución y legado histórico fue garantizar el traspaso pacífico del poder al presidente electo, Salvador Jorge Blanco, el 16 de agosto de 1982.
En un contexto en el que existieron presiones, resistencias e incluso intentos de desconocer el curso institucional.
Jacobo Majluta actuó con firmeza, respeto a la Constitución y profundo sentido de Estado, asegurando la estabilidad política y la continuidad democrática.
La historia suele recordar a los gobernantes por la duración de sus mandatos.
Sin embargo, existen ocasiones en que la grandeza de un líder no se mide por los años que permanece en el poder, sino por la trascendencia de las decisiones que adopta en momentos decisivos.
Los 43 días de Jacobo Majluta constituyen uno de esos ejemplos en la historia republicana contemporánea Surge entonces una reflexión inevitable ante retos de esa envergadura; ¿qué debe hacerse cuando el país queda, de manera inesperada, sin su Presidente de la República, en medio de la incertidumbre, las dudas y la preocupación colectiva? La respuesta la ofrece, en primer lugar, nuestra Constitución, que establece con claridad los mecanismos para garantizar la sucesión presidencial y la continuidad del Estado desde el nacimiento de la República.
También esa respuesta puede encontrarse en el ejemplo dejado por Jacobo Majluta en gestión de la cosa pública.
Con serenidad, responsabilidad y absoluto respeto al orden constitucional establecido, asumió la histórica y sagrada misión de conducir la República Dominicana a puerto seguro con eficiencia cuán capitán experimentado en las turbulencias, tras la desaparición física del presidente Antonio Guzmán Fernández.
A cuarenta y tres años de aquellos acontecimientos, su gobierno continúa siendo una lección de institucionalidad, responsabilidad democrática y compromiso con la nación.
En tiempos en que la estabilidad de las instituciones debe ser siempre preservada, recordar aquellos 43 días es también reivindicar el valor de quienes supieron colocar el interés nacional por encima de cualquier otra consideración, que no escasea POR TRAJANO SANTANA *El autor es abogado, máster en ciencias políticas y relaciones internacionales / Correo:trajanosantana@pri.org.do Móvil 809-903-2515.



