Economía

¿Está República Dominicana perdiendo a su clase media? La advertencia de la crisis de vivienda en España

SANTO DOMINGO. La queja se repite en cualquier casa del país: la vivienda propia se aleja, el supermercado rinde menos y el sueldo deja de alcanzar antes de que termine el mes. Y aunque aquí no haya marchas, el malestar que acaba de estallar en España debería leerse como una advertencia.

Miles de personas salieron a protestar por el acceso a la vivienda en decenas de ciudades españolas. Solo en Madrid, las estimaciones oficiales hablan de unas 70,000 personas, con una consigna que sonó con fuerza: "Hacia la huelga general". Todavía no hay una huelga convocada formalmente, pero las organizaciones de inquilinos ya hablan de ampliar la movilización.

Una advertencia que va más allá de España

El Instituto Nacional de Estadística de España reportó que la vivienda subió 12.2% interanual en el segundo trimestre de 2026, y la usada 12.9%. El dato importa porque confirma algo que también se vive aquí: el activo que le permite a una familia construir patrimonio se está alejando de quienes cobran un sueldo fijo.

No se trata de comparar economías. España tiene otra renta, otras instituciones y otra protección social. La lección es otra: cuando tener empleo deja de ser suficiente para progresar, el malestar deja de ser un tema de números y se vuelve un tema político.

Lo que viven las familias dominicanas

El costo de la vivienda, de la comida, del transporte, de la luz, de la educación y de la salud sube en todo el país. La gente no compra "inflación". Compra arroz, pollo, huevos, medicinas y combustible. Paga luz, colegio, alquiler y préstamo. Y al final del mes hace la cuenta de cuánto le quedó.

Si un producto pasó de RD$100 a RD$130, que la inflación baje al año siguiente no lo devuelve a RD$100: solo sube más lento. Por eso las estadísticas pueden decir que todo está controlado mientras la familia sigue sintiendo que todo está caro. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo.

Cuando RD$100,000 ya no alcanzan

La pregunta que debería hacerse cualquier dominicano es la misma en la capital que en cualquier provincia: ¿qué podía hacer una familia con RD$100,000 hace unos años y qué puede hacer hoy con esos mismos RD$100,000? El número es igual, pero su poder ya no.

Una familia puede ganar más en pesos y sentirse más pobre. Si el ingreso subió 10% pero la comida, la vivienda y los servicios subieron bastante más, el resultado es simple: más pesos, menos capacidad real. Y para los jóvenes que buscan comprar su primera casa, el panorama es todavía más cuesta arriba: hay que reunir el inicial, calificar para el financiamiento y aguantar las tasas, todo al mismo tiempo.

La clase media se desgasta en silencio

Las crisis no golpean solo a los que viven en pobreza. Hay un sector que se deteriora sin aparecer de golpe en las estadísticas: la clase media. Profesionales, empleados, comerciantes, técnicos y pequeños empresarios que consumen, invierten y generan empleo, pero que se van quedando en un punto incómodo: ganan demasiado para ser pobres, pero no lo suficiente para sentirse seguros.

Ese desgaste casi no se ve. Una familia puede mantener su carro, seguir mandando a sus hijos al mismo colegio y vivir en el mismo apartamento, y aun así estar peor que hace cinco años: ahorra menos, usa más la tarjeta, refinancia deudas y posterga la compra de una casa. No es pobreza según la estadística, pero es empobrecerse de a poco.

La lección que no hay que aprender tarde

Las imágenes de Madrid no empezaron el día de la marcha. Empezaron en cada alquiler que subió, en cada joven que no pudo independizarse y en cada familia que hizo números y no le cuadraron. Fueron frustraciones individuales hasta que miles descubrieron que tenían el mismo problema. Entonces dejó de ser un asunto privado y se volvió un movimiento social.

República Dominicana todavía está a tiempo de adelantarse. La discusión debería ser seria y sin propaganda: salarios reales, costo de vida, vivienda, productividad, empleo juvenil y fortalecimiento de la clase media. Porque no basta con que el país crezca. La pregunta es quién siente ese crecimiento: ¿lo siente la familia en el supermercado? ¿El joven que busca su primer apartamento? ¿El comerciante cuando cierra el mes?

Si la respuesta empieza a ser "no" para cada vez más gente, hay un problema, aunque el PIB siga creciendo. Y si la clase media se sigue debilitando, al final se afecta al comercio, al empleo y al propio Estado que hoy celebra las cifras. La pregunta incómoda es si estamos perdiendo de a poco a la clase media que sostiene todo lo demás. Y si la respuesta es sí, el momento de actuar es ahora, no cuando las calles estén llenas.

El Biran

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