El caso contra el cerebro del 11-S sigue estancado a 25 años de los atentados
Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el presunto cerebro y otros tres acusados esperan un juicio previsto para el 5 de junio de 2028 en Guantánamo. La larga espera y las condiciones de detención generan preguntas sobre el debido proceso.
El complejo caso contra Jalid Sheij Mohamed, Ammar al Baluchi, Walid bin Attash y Mustafa al Hawsawi se tramita ante las comisiones militares en la base naval de Guantánamo. Estados Unidos llegó a retener a unos 780 hombres en ese enclave al este de Cuba, de los que hoy quedan 15 prisioneros considerados de alto riesgo o en un limbo legal. La prisión sigue operando a pesar de los intentos del expresidente Barack Obama por cerrarla.
Sheij Mohamed, su sobrino Al Baluchi, Bin Attash y Al Hawsawi permanecen recluidos en instalaciones de máxima seguridad tras años en cárceles clandestinas de la CIA y después de ser sometidos a técnicas de interrogatorio consideradas tortura, como el ahogamiento simulado. Enfrentan la pena de muerte por el asesinato de 2.977 personas en Nueva York, Washington y Pensilvania, en los peores atentados terroristas en la historia de Estados Unidos.
En julio de 2024, Sheij Mohamed y otros dos acusados llegaron a un acuerdo de culpabilidad con los fiscales militares para evitar la pena de muerte a cambio de cadena perpetua, un intento por cerrar el expediente que luego fracasó. Los cargos se presentaron por primera vez ante una comisión militar en 2008, el procedimiento se suspendió por varios años y fue reformulado bajo nuevas normas en 2012. En 2023, un juez militar separó a un quinto acusado, Ramzi bin al Shibh, por incapacidad mental.
Desde su reinicio, el proceso ha estado plagado de demoras logísticas por la lejanía de Guantánamo, denuncias por escuchas a la defensa y debates sobre si las confesiones están manchadas por las torturas de la CIA. También ha habido retrasos por imprevistos técnicos y procedimientos para evitar revelar identidades e información delicada, en un caso donde muchas evidencias permanecen selladas. Estos años de estancamiento han provocado la frustración de los supervivientes y familiares de las víctimas, que exigen justicia y denuncian la lentitud de un proceso que, según varios de ellos a EFE, debía haberse celebrado en tribunales de Nueva York o Washington. Sin embargo, a fines de agosto pasado, el juez militar Michael Schrama determinó que el juicio contra Sheij



