Efraim Castillo Creado: 19.05.2026 | 14:12 Actualizado: 19.05.2026 | 14:12 (Palabras de agradecimiento al Ateneo Amantes de la Luz, de Santiago, por el Premio Peña y Reynoso al Mérito Cultural, que me fue entregado el pasado 13 de mayo) Esta Medalla al Mérito Cultural del Premio Peña y Reynoso, que me otorga el Ateneo Amantes de la Luz, de Santiago, es para mí -y creo sincera y profundamente que lo es, también, para los demás galardonados de esta noche: las profesoras Josefa Mercedes López y Brígida Morillo; para el doctor Franklin Gutiérrez; para el arquitecto histórico Francisco Manuel (Cuqui) Batista Bisonó; para el brigadista de rescate, Francisco Alfredo Arias; para el historiador Luis Midence III; y para el legendario periodista, Félix Jacinto Bretón-, una medalla, un reconocimiento que es más, mucho más, que un premio, ya que proviene de una institución como este Ateneo Amantes de la Luz, fundado el 4 de junio de 1874.
Más que un premio
¡Dios mío, 1874! Sí, una institución creada hace 152 años; una fecha en la que nuestro planeta vivía intensas transformaciones científicas, políticas, tecnológicas y culturales; unas transformaciones que catapultaron el planeta hacia los cambios sustanciales que posibilitaron sustancialmente lo que estamos viviendo hoy: la inmersión social en una cuarta revolución industrial que apunta, inmisericordemente, hacia el predominio de la inteligencia artificial.
Pero aquel año 1874 en que la brillante mente de Manuel de Jesús de Peña y Reynoso fundó el Ateneo, nuestro país -después de una guerra de seis años que puso fin a la dictadura de Buenaventura Báez-, emergía con una nueva constitución y el liderazgo de Gregorio Luperón.
Peña y Reynoso, que regresaba de Cuba, en donde se libraba una lucha independentista, tuvo la visión histórica de fundar una casa como esta, una institución que cimentó y orientó con el fin exclusivo de educar, de concienciar, de irradiar la luz del civismo y el saber a través de la cultura, una palabra que lo engloba todo y que, citando al historiador Oswald Spengler, “es el alma de la historia”.
Peña y Reynoso sabía, sobre todo, que el Ateneo Amantes de la Luz debía ser una institución propiciadora del conocimiento de nuestra singularidad; de ese sujeto que somos, de ese orgullo de ser dominicanos, de ser ese hombre y esa mujer que los azares de la conquista y la colonización construyeron a través de una historia martillada con sacrificio, coraje, amor, esperanza y fe.
Fue esa visión de Peña y Reynoso lo que hizo posible que el Ateneo Amantes de la Luz se haya mantenido de pie; creciendo sólida, estoica y servicialmente.
Y es esta casa, esta sagrada institución que atesora 152 años de servicio cívico, la que nos galardona hoy.
Gracias, Carlos Manuel Estrella.
Gracias, directivos del Ateneo Amantes de la Luz, por este prestigioso premio.
Gracias, queridos galardonados, por acompañarme en esta maravillosa noche.
Gracias, urbe de Santiago por compartir con nosotros y todo el país una noche que nos conecta a 152 años de una historia de luz.
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