
La matanza de decenas de personas por bandas armadas en Kenscoff, a menos de 200 kilómetros de Barahona, enciende las alarmas en la región Sur por el riesgo de desplazamientos masivos y el impacto en la frontera turística con Haití.
La madrugada de este lunes, bandas armadas de la coalición Viv Ansanm asesinaron a decenas de personas en Kenscoff, al este de Puerto Príncipe, una zona estratégica por su cercanía con el departamento del Sudeste y Jacmel, tradicional destino turístico. EFE constató al menos 20 cadáveres, mientras medios locales elevan la cifra a 40 muertos, entre ellos numerosos jóvenes y desplazados refugiados en una iglesia.
Para la región Sur de República Dominicana, esta escalada de violencia representa una amenaza directa a la seguridad fronteriza y al turismo. Jacmel, a solo 50 kilómetros de la frontera con Pedernales, es un punto de entrada de flujos migratorios y de actividad comercial informal. El aumento de la presencia de bandas en esa zona podría provocar un nuevo éxodo hacia el lado dominicano, presionando los servicios de salud y seguridad en Barahona y otras provincias sureñas.
La Oficina de Protección del Ciudadano (OPC) de Haití condenó los hechos y pidió al Consejo Superior de la Policía Nacional (CSPN) actuar con urgencia. El director general de la Policía haitiana, Jonas André Vladimir Paraison, y el comisario Fritz Patterson Dorval se desplazaron a Kenscoff, mientras cientos de habitantes protestaban frente al comisariado exigiendo protección. El expresidente provisional Jocelerme Privert afirmó: "Ante esta espiral de violencia, no podemos acostumbrarnos al horror ni permanecer indiferentes".
La crisis haitiana ya se siente en el Sur: más de 1.4 millones de desplazados internos y 5.8 millones en inseguridad alimentaria agravan la presión migratoria. Las autoridades dominicanas, especialmente en las provincias fronterizas como Pedernales e Independencia, deben reforzar la vigilancia y coordinar con organismos internacionales para evitar que la violencia se desborde hacia nuestro territorio. La comunidad dominicana, y en particular la región Sur, no puede permanecer indiferente ante esta tragedia.



