

Construir una carrera científica y ser madre no son trayectorias que se cruzan ocasionalmente; para miles de investigadoras, son partes de una sola vida que se negocia todos los días.
Mujer en la ciencia: no menos ciencia, otro ritmo…
La maternidad suele marcar un antes y un después en esa ecuación, pero, aun así, miles de investigadoras siguen avanzando: publican, forman estudiantes, lideran proyectos y abren camino con una perseverancia que merece ser contada.
La ciencia, en general, exige tiempo de concentración, lectura, análisis, escritura, reuniones y ejecución constante.
No se trata solo de “trabajar mucho”, sino de sostener un ritmo que, en la práctica, suele medirse con resultados visibles: artículos, fondos obtenidos, congresos, redes de colaboración, viajes, etc.
En ese sentido, hay etapas de la vida que inevitablemente afectan la productividad.
En muchas mujeres, el embarazo, el parto y la crianza temprana coinciden con un descenso temporal en el ritmo de producción científica (Morgan et al., 2021).
Esto sucede no porque falte capacidad, sino porque el día tiene las mismas 24 horas y la energía tiene límites reales.
Muchas investigadoras atraviesan esas etapas con creatividad y sentido de propósito, ajustando rutinas y prioridades sin perder de vista la curiosidad que las llevó a la ciencia.
La producción puede cambiar de ritmo por temporadas, pero la vocación permanece: se investiga también cuando se lee a ratos, cuando se escribe en bloques pequeños, cuando una idea madura más lento y con más profundidad.
La ciencia no siempre avanza en línea recta; a veces lo hace en ciclos que enriquecen la perspectiva y fortalecen la resiliencia.
Allí se abre una oportunidad: impulsar una cultura científica que reconozca la calidad, la continuidad y el impacto de las contribuciones, incluso cuando el ritmo cambia por etapas.
Y aunque el ritmo cambie, no se apaga lo esencial: la disciplina, el pensamiento crítico, el compromiso con el conocimiento y la capacidad de aportar.
Es una etapa distinta, no una renuncia; un tiempo en el que se aprende a sostener la ciencia desde otros márgenes, con prioridades más humanas y una mirada más amplia.
Al final, el ritmo puede ser diferente, pero no se detiene: se transforma.
Con el tiempo, se aprende a trabajar con mayor intención, a elegir con criterio dónde poner la energía y a priorizar aquello que realmente aporta valor.
Esa etapa no representa una pausa en la carrera científica, sino una evolución hacia un perfil más estratégico, más eficiente y, muchas veces, más sólido.
Referencia: Morgan, A.
C., Way, S.
F., Hoefer, M.
J.
D., Larremore, D.
B., Galesic, M., & Clauset, A.
(2021).
The unequal impact of parenthood in academia.
Science Advances, 7(9), eabd1996.
La doctora Ninoska Abreu Placeres, Ph.D., es odontopediatra, especialista en cariología.
Es directora del Centro de Investigación en Biomateriales y Odontología (CIBO-UNIBE) y miembro de la Carrera Nacional de Investigadores en Ciencia, Tecnología e Innovación.
Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES.



