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¿Quién tendrá las llaves del hub digital dominicano?

República Dominicana quiere ser el gran hub digital del Caribe. Cables submarinos, 5G, centros de datos, inteligencia artificial e inversión extranjera. El proyecto es serio. Lo que todavía no es serio es la pregunta que lo sostiene: ¿quién va a tener las llaves?

El 19 de agosto, el Indotel adjudicó a Viettel 240 MHz de espectro 40 en 700 MHz, 100 en 2.3 GHz y 100 en 3.6 GHz por 20 años. La vietnamita invertirá 560 millones de dólares y se convertirá en el cuarto operador, frente a Claro, Altice y Viva. No es una telefónica más. Es el brazo de telecomunicaciones del Ministerio de Defensa de Vietnam: empresa estatal de propiedad militar, con mandato de defensa y de negocio. Opera redes, fibra, nube, centros de datos y ciberseguridad. En Haití, un país de 11,9 millones de habitantes según las Naciones Unidas, ya controla Natcom, con más de dos millones de abonados y cobertura en casi todo el territorio. El mismo grupo tendrá, por primera vez, intereses de red a ambos lados de una frontera de 376 kilómetros.

El criterio no es la nacionalidad. Es si el operador entra o no en la categoría de proveedores confiables: quién manda, con qué equipos se construye, quién actualiza a distancia, dónde se almacenan los datos y qué capacidad real tendrá el Estado dominicano para auditar o desconectar esa red si el escenario geopolítico cambia.

Washington no trata ese punto como un detalle comercial. En la asamblea de CANTO, celebrada en Punta Cana entre el 9 y el 12 de agosto, Estados Unidos pidió a los gobiernos del Caribe excluir de sus ecosistemas de TIC a los proveedores no confiables. Anunció financiamiento para cables, 5G, satélite e inteligencia artificial, y asistencia jurídica del Departamento de Comercio para redactar leyes de proveedores confiables. La lógica es simple: si van a ayudar a construir la infraestructura digital del hemisferio, quieren saber quién fabrica los equipos, quién administra las redes y quién puede acceder a los datos.

Al mismo tiempo, Google avanza un puerto de intercambio digital de más de 500 millones de dólares en Punta Cana, con cables directos a regiones de Google Cloud en Carolina del Sur y Virginia. Es el primer anillo submarino internacional de República Dominicana hacia Estados Unidos continental. Esa arquitectura, cables estadounidenses, nube, IA, sistemas financieros convivirá con una red de un operador militar vietnamita que, en junio de 2025, firmó un acuerdo de transferencia tecnológica 5G con Huawei, según el propio Ministerio de Defensa de Vietnam. Reuters documentó después contratos de Huawei y ZTE en el mercado vietnamita. Viettel también fabrica equipos propios y acaba de atarse a Qualcomm para 6G. Es decir: no es un actor unívoco. Es un actor híbrido, con una pata en la cadena china y otra en la carrera estadounidense. Precisamente por eso exige diligencia, no eslóganes.

Hay, además, una paradoja que el país no debería desperdiciar. Quien llega de cero puede elegir. Si el nuevo operador despliega su red sobre tecnología de proveedores confiables, no solo cumple un estándar de seguridad: queda en ventaja frente a quienes ya están montados sobre equipos que Washington considera no confiables. Esa ventaja no la da el pasaporte de la empresa. La da la cadena tecnológica que decida instalar. En un mercado que aspira a cables, nube y financiamiento alineados con Estados Unidos, la red “limpia” será la que pueda interconectarse, financiarse y venderse como parte del hub. La otra quedará atada a una infraestructura cada vez más difícil de explicar.

Una cosa es abrir el mercado. Otra es entregar piezas de la infraestructura crítica sin una política nacional de proveedores confiables y de seguridad de la cadena tecnológica.

Esa política no existe. No hay, al menos de forma pública y vinculante, un estándar dominicano sobre proveedores confiables, auditoría de firmware, localización de datos, control de actualizaciones remotas ni plan de sustitución si un proveedor deja de ser aceptable. Sin eso, el hub digital no es soberanía. Es dependencia con rueda de prensa.

La dependencia se siente cómoda mientras todo funciona. El problema aparece cuando Vietnam reajusta su equilibrio entre Pekín y Washington como ya hizo al pasar de un 5G más pragmático con equipos chinos a un 6G alineado con Qualcomm, cuando hay sanciones, restricciones de exportación o un incidente de ciberseguridad.

Entonces ya no se discute un plan de datos. Se discute si el país puede o no apagar un interruptor que no controla.
Por eso la evaluación no puede limitarse a Viettel. Debe cubrir a todos: Claro, Altice, los nuevos operadores, fabricantes de radio, nubes, centros de datos, cables, satélites y proveedores de inteligencia artificial. Las preguntas son las mismas: quién fabrica, quién administra, quién actualiza, quién almacena, quién accede, quién puede desconectar. Y la más incómoda: si dentro de diez años una pieza crítica depende de un proveedor que ya no consideramos confiable, ¿podemos sustituirlo?

Si la respuesta es no, no estamos hablando de competencia. Estamos hablando de captura estratégica.

Un hub digital se construye con cables y con dinero. También se construye con controles, auditorías, diversificación y capacidad soberana de respuesta. La confianza no se declara en una conferencia. Se demuestra con un régimen claro de proveedores confiables.

Construyamos el nodo del Caribe. Invitemos a Estados Unidos, a Europa, a Asia y a quien quiera invertir. Pero antes de entregar las llaves, preguntemos quién las va a guardar.

Sería un mal chiste histórico descubrir, después de inaugurar el gran hub digital del Caribe, que todos trajeron tecnología, inversión e intereses… excepto nosotros, que olvidamos traer la estrategia.


Por Yelandra Sanchez Carbonell

El Biran

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