

ENTRE TÚ Y YO Entre tú y yo, el problema de la economía dominicana no es que el Estado recaude poco.
Recaudamos… pero lo gastamos
Los números dicen exactamente lo contrario.
En 2020, los ingresos presupuestarios del Gobierno Central ascendieron a RD$673,108 millones.
Para 2025, alcanzaron RD$1,246,302 millones.
Eso representa un incremento de RD$573,194 millones, equivalente a un crecimiento de 85.2 % en apenas cinco años.
Es decir, el Gobierno Central dispone hoy de muchos más recursos que hace cinco años.
Y no solo eso.
Ese crecimiento ha sido superior al de la economía dominicana durante el mismo período.
Dicho de forma simple: los ingresos presupuestarios del Gobierno Central crecieron más rápido que la economía.
A primera vista, esto podría parecer una buena noticia.
Y, en parte, lo es.
Un Estado con mayores recursos dispone de más herramientas para invertir, proteger a los más vulnerables y crear condiciones para el desarrollo.
Pero el problema no está en lo que entra.
Está en lo que se hace con lo que entra.
Hoy, el 86.8 % del presupuesto nacional se destina a gasto corriente: salarios, subsidios, pensiones y pago de intereses de la deuda.
En cambio, apenas el 13.2 % se orienta a inversión pública, precisamente la que tiene el mayor potencial para transformar la infraestructura, los servicios y la calidad de vida de la población.
Y cuando un Estado consume casi todo lo que recauda, reduce su capacidad de transformar la vida de la gente.
A esto se suman problemas estructurales como la evasión fiscal, la alta informalidad y un amplio sistema de exenciones que reduce el potencial real de ingresos.
Pero, aun con esas limitaciones, la recaudación continúa creciendo.
Combatir la evasión, reducir la informalidad y limitar los mecanismos que permiten eludir impuestos, incluso en el ámbito internacional, son objetivos legítimos y necesarios.
Pero ninguna reforma tributaria alcanzará todo su potencial si el Estado no demuestra, al mismo tiempo, que administra con eficiencia, transparencia y responsabilidad los fondos públicos que ya recibe.
Entonces surge la pregunta inevitable: si las arcas públicas reciben más recursos que nunca, ¿por qué gran parte de la población no percibe mejoras al mismo ritmo? La respuesta aparece en la experiencia cotidiana: hospitales saturados, escuelas con carencias, calles deterioradas, apagones, trámites interminables y servicios públicos que no siempre responden al esfuerzo tributario de quienes los financian.
Pese a ello, persisten los déficits fiscales, aumenta el endeudamiento y la inversión pública sigue siendo insuficiente para las necesidades de un país que aspira al desarrollo.
Recaudamos más… pero seguimos resolviendo menos.
Entre tú y yo, aquí está la verdad incómoda: la dificultad no es únicamente la falta de recursos.
Es la calidad del gasto público.
Porque cuando un Estado recauda cada vez más y, aun así, no logra traducir esos recursos en mejoras visibles, el desafío deja de ser exclusivamente económico y pasa a ser de gestión, eficiencia y responsabilidad pública.
Y mientras sigamos concentrados únicamente en recaudar más, sin exigir planificación, transparencia y resultados sobre cómo se gasta, seguiremos atrapados en el mismo ciclo.
Los ciudadanos no viven de estadísticas ni de récords de recaudación.
Viven de hospitales que funcionen, escuelas que eduquen, calles seguras, agua potable, transporte digno y servicios que respondan cuando más se necesitan.
Un presupuesto no debería medirse solo por lo que ingresa ni por lo que gasta.
Debería medirse por lo que transforma.
Porque el éxito de un Estado no se mide únicamente por lo que recauda.
Se mide por su capacidad de convertir cada peso que recibe en oportunidades, bienestar y confianza para su gente.
Y mientras sigamos confundiendo mayores ingresos con verdadero progreso, seguiremos celebrando cifras históricas sin comprender por qué tantos ciudadanos sienten que su realidad cotidiana cambia tan poco.
Porque, al final, entre tú y yo, nunca fue solo recaudar.
El problema es que recaudamos… pero lo gastamos.
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