Salud

Multilateralismo bajo presión: la prueba de fuego del Acuerdo Pandémico

Multilateralismo bajo presión: la prueba de fuego del Acuerdo Pandémico
Multilateralismo bajo presión: la prueba de fuego del Acuerdo Pandémico

Las experiencias del 2020 avivaron nuestras ansiedades cuando hace unas semanas un brote de hantavirus fue identificado en medio del Atlántico, y ahora un brote fuera de control causado por el virus Ébola en una versión que aparenta ser menos mortal pero de más rápida diseminación.

Multilateralismo bajo presión: la prueba de fuego del Acuerdo Pandémico

Hace seis años todo se detuvo, y en el silencio solo escuchamos los paroxismos traspasar las paredes de nuestras moradas.

Una pandemia nos recordó la importancia de la colaboración, esta vez no podemos evitar recordarla.

El Acuerdo Pandémico adoptado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 20 de mayo del 2025 representa el intento más ambicioso de las últimas décadas por fortalecer la gobernanza sanitaria global.

Su objetivo central es prevenir, preparar y responder de manera equitativa a futuras pandemias, superando las fallas evidenciadas durante la COVID-19.

No obstante, su efectividad real depende de un elemento clave del multilateralismo clásico: la participación activa de las principales potencias económicas, científicas y tecnológicas del sistema internacional.

Aunque el acuerdo establece un marco normativo bien estructurado, varios de sus artículos son particularmente sensibles a la ausencia de estos actores.

El artículo 12, que crea el Sistema de Acceso y Reparto de Beneficios sobre Patógenos (PABS) busca garantizar el intercambio rápido de patógenos y secuencias genéticas, así como una distribución equitativa de vacunas, diagnósticos y terapias durante una emergencia pandémica.

Sin el compromiso de los países con mayor capacidad de secuenciación, investigación biomédica y producción farmacéutica, el PABS corre el riesgo de carecer de impacto operativo real.

De manera similar, los artículos 10 y 11, orientados a la producción local y la transferencia de tecnología, dependen de los Estados donde se concentran patentes, y el know-how industrial.

Si estas potencias no están “sentadas en la mesa”, limita la diversificación productiva, perpetuando la dependencia estructural de los países de ingresos bajos y medianos.

El artículo 13, que establece la Red Global de Cadenas de Suministro y Logística enfrenta riesgos similares ante decisiones unilaterales, y el artículo 18 dedicado al financiamiento sostenible, se ve debilitado por la ausencia de las principales economías.

En conjunto, el acuerdo refleja que, sin cooperación efectiva, la ambición normativa del multilateralismo puede verse severamente limitada.

Sin embargo, cabría preguntarse: ¿en realidad el aislacionismo al que han estado incurriendo los grandes poderes económicos afectan a los demás países, o solo se convertirá en un arma letal para ellos mismos? En La peste, Camus planteaba que las epidemias revelan no solo vulnerabilidad biológica del individuo, sino decisiones morales y políticas.

Algunos personajes cooperan, otros se aíslan y otros niegan la realidad.

La diferencia no está en el patógeno, sino en la respuesta colectiva.

El Acuerdo Pandémico representa una decisión ética colectiva: cooperar antes de la próxima crisis.

La trampa de Tucídides aparece cuando los estados priorizan el poder relativo sobre el bien común, incluso sabiendo que la enfermedad no distingue fronteras.

Estas tensiones revelan su verdadera naturaleza: un instrumento que pone a prueba el multilateralismo en un mundo polarizado.

El acuerdo no fracasa por anticipar estas asimetrías, sino que las expone de forma explícita.

Una vez refrendada, por cada uno de los países miembros de la OMS, su éxito dependerá en la capacidad de generar incentivos concretos, demostrar beneficios mutuos y construir una lógica de corresponsabilidad que haga políticamente costosa la ausencia de las grandes potencias.

En última instancia, el acuerdo no solo busca proteger a los países más vulnerables, sino también recordar una realidad epidemiológica ineludible: en materia de pandemias, ningún Estado (por poderoso que sea) puede actuar eficazmente en solitario.

El acuerdo pandémico surge porque el mundo comprobó, con costos humanos y económicos sin precedentes, que la arquitectura sanitaria global existente no era suficiente.

No nace de una visión idealista, sino de una constatación pragmática: las pandemias son inevitables; la desorganización global no lo es.

El autor es experto en enfermedades tropicales y virus emergentes, profesor de medicina tropical y salud global en la Universidad Iberoamericana, Unibe; miembro de la Academia Dominicana de la Medicina y miembro titular en salud de la carrera Nacional de Investigación Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES innovación Edición impresa.

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