

Así como nadie es profeta en su tierra, a veces hay que mirar bien lejos para poder observar de cerca.
Bolivia es un espejo
El clima de gobernabilidad, respeto a las instituciones, paz social y acuerdos políticos que vive la República Dominicana, así como el genuino espíritu democrático de su ciudadanía y de sus principales líderes –en todos los órdenes–, ha sido la clave del crecimiento económico del país.
Desde Tierra del Fuego hasta el Niágara, los conflictos sociales amenazan con incendiar y acabar décadas de crecimiento y estabilidad en numerosos países de la región.
Bolivia hoy cumple 25 días de huelgas y cortes de carreteras, que empezaron como protestas contra las medidas económicas del gobierno del presidente Rodrigo Paz, y que ahora, abiertamente exigen su renuncia, a pesar de haber ganado la segunda vuelta del 19 de octubre de 2025 con 54% de los votos, en unas elecciones donde el MAS quedó fuera de la contienda, luego de dos décadas de primacía.
La orografía le juega en contra a la gobernabilidad en Bolivia.
La ciudad de La Paz se encuentra en plena cordillera andina, y depende de las importaciones de combustibles y rubros esenciales, por lo que los cortes de carretera han sido la estrategia desestabilizadora de los movimientos que desafían al poder de turno.
25 días de cortes y decenas de carreteras bloqueadas han generado presión sobre el gobierno, el cual se encuentra acorralado, al punto que su presidente, de profundo espíritu democrático, (quizás) se verá inexorablemente abocado a declarar el estado de excepción, y de ahí a un “que sea lo que Dios quiera ”, hay sólo un paso.
Más allá del mensaje del presidente Petro, donde señalaba que la crisis de Bolivia era consecuencia de la “soberbia geopolítica”, esa infortunada declaración ignora que Bolivia eligió soberanamente un camino en octubre, y que quienes quieren torpedear ese camino, exigiendo renuncias y elecciones anticipadas (Evo Morales), no sólo son prófugos de la justicia declarados en rebeldía, sino que han sido responsables del descalabro financiero y económico del país, sobre la base de mala planificación, gestión y corrupción.
Correcta ha sido la posición de la República Dominicana frente a las amenazas de quiebre democrático en Bolivia, al exigir el respeto al orden constitucional y la defensa de la legalidad.
Miremos Bolivia como un espejo, pero también como una advertencia; como un constante recordatorio de que la gobernabilidad sólo se construye con respeto a las instituciones, a las reglas del juego democrático.
Miremos Bolivia también como una oportunidad para convertir a República Dominicana en un referente regional de estabilidad política, no sólo de crecimiento económico, porque uno no hubiera sido posible sin el otro.
El reto pendiente sigue siendo el mismo, distribuir ese crecimiento de manera más justa, y eso sólo puede hacerse en democracia, estabilidad y orden.
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