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Palabras de Julio César Castaños Guzman, en el acto de puesta en circulacion de la obra “La Bandera discutida” de Jose Rafael Lantigua

Palabras de Julio César Castaños Guzman, en el acto de puesta en circulacion de la obra “La Bandera
Palabras de Julio César Castaños Guzman, en el acto de puesta en circulacion de la obra “La Bandera

Distinguidos Señores: Doña Miguelina Hernández de Lantigua, esposa que sobrevive a nuestro querido José Rafael Lantigua, y sus hijos, José Rolando, Pablo José y María Miguelina Lantigua Hernández, Distinguidas personalidades que nos acompañan esta tarde, escritores, académicos, familiares y amigos, Representantes de los medios de comunicación Señoras y Señores: Evangelio según San Lucas 2, 34-35.51 C. Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: V.  «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones.

Palabras de Julio César Castaños Guzman, en el acto de puesta en circulacion de

Y a ti, una espada te traspasará el alma».

El Escritor y académico, José Rafael Lantigua, ido a destiempo el pasado 5 de agosto de 2025, intituló este libro… su último libro, que debió haber sido publicado en el año 2024 con un título desafiante que extrapola la profecía del anciano Simeón—que le sirve de epígrafe al prólogo de esta obra—sobre la vida de Jesús de Nazaret, derivándola a que el hijo de María, no es únicamente, “una bandera discutida”, al decir del viejo monje, sino que su persona, humana y divina a la vez, sobrepasa el argumento profético del viejo sacerdote, para convertirse, en palabras de Lantigua, en: “La bandera discutida” –que no es lo mismo—ya que, el Hijo de Dios, adviene con una misión trascendente que sobrepasa todo entendimiento, porque viene a instaurar (con no pocos sufrimientos) las ideas de un nuevo mundo de Paz y Justicia; y, con tal propósito, irrumpe en la historia de la humanidad, dividiendo el calendario para que comience, sobre la base del anuncio de sus ideas, la Era Cristiana; o, más bien, la Civilización del Amor.

A José Rafael Lantigua y a su esposa Miguelina, los conocimos hará unos 40 años en ocasión a que con nuestros hijos pequeños y nuestras esposas, asistíamos todos los domingos por la mañana a la misa que celebraban los Padres Pasionistas en la Templo Parroquial “Nuestra Señora de la Paz”, sito en el “Centro de los Héroes de Constanza Maimón y Estero Hondo”, todos éramos entonces a guisa de García Márquez “Felices e indocumentados”.

Pocos años después empezaron a llegar las buenas noticias de José Rafael a través de sus obras, entre las que destaco, “Domingo Moreno Jiménez, Biografía de un poeta”, y muchos otros escritos suyos, que leía desde entonces con fruición.

Recuerdo perfectamente su obra, la cual leí un par de veces: “La Conjura del Tiempo”.

Ensayo histórico con excelente narrativa, impecable en su construcción gramática y con un pulso fluido que le imprimía su admirable talento, y que alcanzó 4 ediciones de sus 581 páginas.

Muchos otros escritos suyos memorables, entre los que se cuentan “La palabra para ser dicha”, “Duarte en el ideal”, entre otros, como su monumental obra en siete tomos, “Espacios y Resonancias”, que compila dieciocho años de crónicas literarias, galardonada con el Premio Feria del Libro Eduardo León Jiménez 2016.

El suplemento cultural “Biblioteca”, publicado durante 20 años por José Rafael, en los diarios “El Nuevo Diario”, “Ultima Hora” y “Listín Diario”, que se fue haciendo cada vez más, por sus aciertos y regularidad, un espacio obligado para el culto a los libros, tanto de las obras clásicas como las novedades literarias comentadas por él.

Durante los últimos años publicó todos los viernes su columna “Raciones de letras”, en “Diario Libre”, lectura semanal obligada para los amantes de las letras.

Estas Crónicas Católicas, como el mismo las denomina en la obra que ponemos a circular hoy: LA BANDERA DISCUTIDA, contiene formidables ensayos y crónicas históricas, donde también independientemente de su erudición, tenemos algunos evangelios reescritos con mucho acierto, por nuestro amigo y autor, desde la posición del faculto que ha estudiado los cuatro Evangelios: Mateo, Lucas, Marcos y Juan, que conoce la tradición de la Iglesia Católica, y las obras fundamentales de Joseph Ratzinger y otros muchos autores y teólogos, (Karl Rahner S.

J.

y el controvertido Hans Kung) con las referencias históricas correspondientes y los denominados textos apócrifos, pero que además, con su talento literario es capaz de ofrecer su propia opinión enraizada por su conocimiento y sabiduría acumulada en largos años de estudio y reflexión.

El primer capítulo del libro que estamos prologando, irrumpe en el título con la formulación de una pregunta desafiante por demás, cuestionamiento que hace de maestresala para introducirnos en la gala de los deleites de esta obra: “¿Qué libro te llevarías a una isla desierta?”.

El insaciable lector que fue José Rafael responde a esta pregunta desde su óptica, y dice él: “Yo no tengo vacilación alguna en el libro que escogería: la Biblia”.

A seguidas motiva su decisión con los siguientes datos.

Porque la palabra Biblia significa libros o los libros, pasando a explicar, que en esa isla desierta el no se estaría quedando con un libro sino con una biblioteca que lo pone en posesión de 73 libros, los 46 del antiguo testamento y los 27 del nuevo testamento, en la tradición católica y de los ortodoxos.

“Me quedo con esta superba biblioteca de 73 libros infinitos (empastados en un solo tomo), que me servirán para reclamar a Dios su Misericordia”.

Afirma, el ensayista.

Libros de muchos géneros literarios, apuntamos nosotros: históricos, “Libro de los Reyes”, Sapienciales (Libro de la Sabiduría), pequeños relatos como el libro de Jonás.

Epistolares con las cartas paulinas (me quedo con la “Carta a Filemón”).

Proféticos, como el “Libro del profeta Isaías”, escrito 800 años antes del nacimiento de Jesús.

Lucas, médico y evangelista, revelador de milagros y narrador de “Los Hechos de Apóstoles”; y el no menos conclusivo y fantástico: “Apocalipsis” de San Juan.

Hay para todos los gustos, por ejemplo el libro de “Los Jueces”, para juzgadores y abogados, con la historia de Débora, la Jueza de Israel, que administraba justicia debajo de una palmera, entre muchos otros.

Perdón, olvidaba los 150 salmos para rezar… de todos me quedo con el Salmo 23: “El Señor es mi pastor: nada me falta; a verdes pastos él me hace reposar.

A las aguas de descanso me conduce…” El escritor, en algunos capítulos, no resiste la tentación de hacer literatura a través de los personajes que acompañaron a Jesús, se destacan entre otros, “Pilatos, entre la oscuridad y la luz” y “Un pollino, batir de palmas y el Aleluya”.

Este Pilatos, recreado por el autor, es antes que todo un hombre de su tiempo, y frente al caso memorable de este reo que cae en sus manos, tiene muchas dudas, su esposa Prócula llega a decirle, “No te metas con ese hombre… he sufrido mucho en sueños por él”; pero, está atrapado en su propia misión como Pretor Romano.

Interroga a Jesús, acusado inicialmente de blasfemia por los sumos sacerdotes, pero, poco a poco, los cargos toman un peligroso sesgo político, porque el reo, a decir de los judíos, se proclamó Rey.

Le consta a Pilatos, porque ante la pregunta, que le formulara directamente al Rabí de Galilea: “Entonces, ¿tú eres Rey?”.

Y la respuesta del Divino Maestro: “Tú lo has dicho, soy Rey, yo para esto he nacido, para ser testigo de la verdad”.

A seguidas, Pilato le pregunta: “¿Qué es la verdad?.

Jesús guarda silencio”.

Algunos han dicho que el Procurador Pilatos tuvo la verdad frente a él… pero no la vio.

Entonces vino el desenlace, y un agitador público: Barrabás, termina siendo liberado a solicitud de una multitud demagógica, y, el Cordero de Dios, “El que quita el Pecado del mundo”, es condenado a muerte por sedición, y clavado en el árbol de la cruz.

A propósito, de estos hechos y el interrogatorio, aduce Hans Kelsen, en su obra “¿Qué es Justicia?”, que la pregunta de Pilato a Jesús sobre la Verdad, debería ser sustituida en estos tiempos, por la pregunta “¿Qué es Justicia?”.

Apunta nuestro José Rafael Lantigua que, curiosamente, Pilatos es venerado como Santo por la Iglesia Ortodoxa Copta, fundada en Egipto por San Marcos, en el siglo I.

En el relato “Un Pollino, batir de palmas y el Aleluya”, discurre el talento del escritor, también a lomo de este borrico divino, como si fuera un discípulo de Juan Ramón Jiménez, en “Platero y yo”, a lomos de un asnillo, todavía sin estrenar, requerido por Jesús para su entrada a Jerusalén, y para que también, se cumpliera la Profecía de Zacarías: “Decid a la hija de Sion: mira a tu rey, que viene a ti humilde, montado en un asno, en un pollino…”.

Como un signo además, de que venía el Profeta del Altísimo con su paz a pacificar y amansar lo que de suyo no se amansa.

Estremecedor es el relato del autor de la obra: “El niño que no pudo ser censado”, que recrea todo el periplo de José y María embarazada de Jesús, a partir de cumplir el mandato de que todas las familias debían ser censadas en tiempo del emperador César Augusto, y que les hizo migrar hacia Belén, para cumplir con ese propósito en tiempos de Cirilo, Gobernador de Siria.

Hasta que nació el Niño-Dios y fue acostado en un pesebre… y fue arropado con pañales.

Muy relevantes los rasgos biográficos que aporta sobre la persona del padre putativo de Jesús, en “José, el silencio de la Natividad”.

Y dice que: “José, un emigrante palestino había aprendido de Jacob, su padre, el oficio de carpintero.

Vivía atareado con el yunque, la sierra y el martillo, para poder atender la demanda de los moradores.

Era uno de los pocos que podían leer en hebreo cuando todos se comunicaban en arameo, el dialecto propio de Galilea.

El joven, no era nativo del lugar, había nacido en Belén”.

En “Judas, el drama inconcluso de la traición”, concluye José Rafael en su análisis sobre el traidor y apóstol de Cristo, Judas Iscariote (el único de los apóstoles que no era galileo) con una reflexión del mundo borgiano.

A propósito, apunta Borges: “La crucifixión de Dios no ha cesado, porque lo acontecido una sola vez en el tiempo, se repite sin tregua en la eternidad.

Judas, ahora, sigue cobrando monedas de plata en el templo; sigue anudando el lazo de la cuerda en el campo de sangre”.

De entre los primeros apóstoles, resalta Pedro, a quien Jesús lo nombraría en arameo Kephas…casado con su esposa Safira, vivía en la casa de su suegra (a quien Jesús había sanado de unas fiebres) y tenía una hija de nombre Petronila.

Jesús que tuvo entre sus discípulos alguna preferencia, escogió sin embargo a Pedro como cabeza del grupo.

Kephas, Cefas, que quiere decir piedra, y sobre esa piedra Jesús edificó Su iglesia.

Este Pedro, imprudente, es el que con una espada le corta la oreja a Malco; pero también, el primero que confiesa la divinidad de Jesús; y es, por otra parte, el que contradice al Maestro y este le llega a decir: “Apártate de mí, Satanás”.

Es quien lo niega tres veces, sin embargo es el mismo, que después de la muerte de Jesús y ya este resucitado, permanece en Jerusalén junto a los apóstoles durante cincuenta días y aguarda con ellos la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, y después pronuncia un discurso tan extraordinario que se convierten tres mil personas.

Este primer papa de la Iglesia de Jesucristo, dará testimonio de su fe, y fidelidad al evangelio y fue crucificado en Roma, con la cabeza para abajo, en el mandato de Nerón.

Es que como bien dice Jorge Luis Borges, ya mencionado precedentemente: “El traidor de la tarde puede ser el héroe de la mañana”.

Contiene además la obra, el planteamiento de lo que sería una interesante defensa de María Magdalena, de la que Jesús expulsó “siete demonios”, y que estuvo al pie de la cruz hasta el final, junto a María la Madre del Salvador y María, la de Cleofás.

Y, es la primera que testifica acerca de la resurrección de Cristo, que es comunicada de inmediato por esta a los apóstoles.

Lantigua, afirma con propiedad y con datos, que ninguno de los Evangelios canónicos ni los libros apócrifos afirman que María era prostituta, y que lo importante, es que ella se convirtió más que en una discípula, en una mujer-apóstol.

Ahora bien, afirmamos nosotros, que si bien es cierto, que la tradición la presenta como la pecadora arrepentida; no menos cierto es, que el propio Jesús llegaría a decir—para escándalo de muchos que lo escucharon—que: “Los publicanos y las prostitutas nos precederían en el Reino de los Cielos”.

Nos asombra José Rafael Lantigua, con su conocimiento acerca del Concilio Vaticano II, y el espléndido resumen de las áreas impactadas por este magno evento convocado por Juan XXIII, el Papa Bueno, y que inició sus labores en el año de 1962, con la presencia de 2,450 obispos en la Basílica de San Pedro.

Un año después falleció el papa Juan, concluyéndose los trabajos bajo la égida del Papa Paulo VI, en 1965.

Se eliminó la misa en latín, ofrecida de espaldas al público, privilegiando en la celebración de la eucaristía a las lenguas locales; transformó los altares al despejarlos del culto exagerado a los santos, que distorsionaba la adoración a un Dios único en la presencia eucarística.

Y, facilitó el ecumenismo con otras iglesias cristianas, y propició una actitud más abierta con otras religiones monoteístas como el Judaísmo y el Islam.

Todo esto dio paso a que los sacerdotes jesuitas y los Hermanos de la Salle, dieran apertura para los jóvenes con “Los Cursillos de Vida”.

Y posteriormente los “Cursillos de Sociología”, en que se permitía evaluar, comparativamente, la doctrina marxista y la doctrina cristiana.

No menos importante: “La Juventud Obrera Católica (JOC)” y la Juventud Estudiantil Católica (JEC).

También, vendrían como fruto del Concilio Vaticano, los “Cursillos de Cristiandad”, la “Renovación Carismática” y la Nueva Evangelización, “nueva en sus métodos, nueva en su ardor y nueva en su expresión”…El Camino Neocatecumenal, y más recientemente la “Hermandad Emaús”.

Entre otros muchos más movimientos y expresiones de una iglesia de pecadores que se renueva constantemente.

Termina José Rafael, el capítulo de la obra que lleva por título “La iglesia acicateada”, con estas consideraciones: “La iglesia cumple una misión profética y misionera.

Señala Lumen Gentium: En todo tiempo y en toda nación son adeptos a Dios los que le temen y practican la justicia”.

No sé porqué algunos se resisten a reconocer que la iglesia es maestra en humanidad.

No esperen que se amilane, porque suele hacer lo contrario, espolearse, acicatearse.

Es de antología la comparación que hace el autor de las personalidades de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger, este último sucedería al papa polaco Juan Pablo II, como Benedicto XVI, siendo este alemán.

En su tesis, el autor plantea, que siendo uno filósofo (Juan Pablo) y el otro teólogo (Ratzinger), en el fondo conformaron un largo papado que entre los dos duró más de 33 años.

Ambos venían de hogares humildes y cristianos, y ambos con recia formación intelectual.

Pensadores de primera línea.

Enfrentaron los excesos de la Teología de la Liberación y el ultra conservadurismo del obispo Lefevre, situándose en una ortodoxia que mantuvo en pie, pese a todos los escándalos, conocidos y por conocer, las columnas vaticanas.

Finaliza el capítulo que intitula: “El hijo de Joseph, el policía y María, la cocinera”, con una apreciación acerca de que el papa emérito Benedicto XVI, que con 25 años de cardenalato, Prefecto de la fe, y asesor teológico de Juan Pablo II, no será un “santo súbito”, afirma el autor, como sí fue el otro.

“Pero, tengo la certeza de que tiene las condiciones”.

Lantigua, cual teólogo audaz, se lanza en las aguas profundas del Evangelio en el capítulo que lleva por título una paráfrasis de San Juan de la Cruz: “A la tarde de la vida te examinarán en el amor”, asistido por un análisis del Evangelio de San Lucas (a quien el Cardenal Martini llama “el evangelista de los evangelizadores”) y el libro de “Los hechos de los apóstoles”, para concluir con Honorato de Balzac “El amor es la poesía de los sentidos”.

Finalmente, Zacarías habría profetizado meses antes del nacimiento de Jesús que sería luz “que surge de lo alto, para iluminar a los que están sentados en tinieblas y sombras de muerte, para enderezar nuestros pies por el camino de la paz”.

Pocos autores dominicanos, tienen un conocimiento tan vasto de la Iglesia Católica Universal, de su diversidad y unidad en torno a la misma fe, y que es obediente al papa, a través de sus ordenes y congregaciones…se estiman 500 masculinas y 3,200 femeninas, y, 21 iglesias particulares con 9 prácticas rituales, entre las que se cuentan los ritos Bizantino, Armenio, Copto, Maronita, Sirio Oriental, Caldeo, Caldeo Sirio-Malabar, Sirio Occidental y Sirio-Malankar.

Y, tratando a la Iglesia dominicana, el autor es capaz de desarrollar y analizar la personalidad y la obra, conforme a sus carismas particulares, de diversos sacerdotes, entre los que se destacan: Monseñor Agripino Núñez Collado, el hombre de la concertación y el diálogo político como un camino hacia el desarrollo y la paz, y al mismo tiempo, el emprendedor que lleva a la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), al culmen de la principalía de las instituciones académicas dominicanas; y, también, destaca el autor, la reciedumbre, moral e intelectual del jesuita, Monseñor Francisco José Arnáiz, S.

J., el eterno Secretario de la Conferencia del Episcopado Dominicano.

Destaca también, entre otros, la brillantez en la palabra oral y escrita, de los diocesanos Oscar Robles Toledano, Milton Ruiz y de nuestro inolvidable profesor, Euribíades Concepción Reynoso y otros Pero, de entre todos estos, descubro a Fray Vicente Rubio, la persona que por encargo del Nuncio Apostólico de S.

S., Monseñor Lino Zanini y de Monseñor Juan Félix Pepén, (obispo de Higuey), al decir del autor, redactó la Carta Pastoral de la Iglesia Católica, leída en todas las iglesias, el 31 de enero de 1960, pieza suscrita por todos los obispos católicos de entonces, Monseñores Ricardo Pitini, Hugo E.

Polanco Brito, Francisco Panal, Juan Félix Pepén y Tomás F.

Reilly.

Pieza por medio de la cual se daba el primer aldabonazo crítico de la Iglesia Católica dominicana, contra la tiranía Trujillista.

Fray Vicente, el predicador por excelencia de la Orden de los Dominicos, el orador de las “Siete Palabras”, que durante el régimen de los doce años, llegó a denunciar valientemente desde el púlpito del Convento de los Dominicos, que: “En la República Dominicana la vida vale menos que un cigarrillo Cremas”, siguiendo los pasos de sus antecesores de la orden Pedro de Córdova y Antonio Montesino, autor del famoso Sermón del Tercer Domingo de Adviento, en su lucha por los Derechos Humanos, y el reconocimiento a los aborígenes y primeros pobladores de estas tierras americanas.

No podía faltar en estas Crónicas Católicas, que prologamos hoy, el título: “Tatica, la de Higuey, icono espiritual y cultural”, dedicado a la historia y los significados de la tradición y la veneración de la imagen del cuadro de Nuestra Señora de la Altagracia, con una advocación mariana, que se remonta en la Isla Española, desde los inicios del siglo XVI, con sus exvotos y milagros documentados y pintados desde que los mismos se manifestaron, dando muestras incontrovertidas de que esta imagen es milagrosa.

La virgen María es venerada por los cristianos católicos, ortodoxos, armenios, episcopales, y hasta por los musulmanes—el Corán la menciona 34 veces, más que a Jesús que se menciona en 24 ocasiones—.

La Virgen de la Altagracia es objeto de culto, en alrededor de 21 países.

Y además, es venerada en Haití y Puerto Rico.

Ya para concluir estas consideraciones, sobre esta portentosa obra de José Rafael Lantigua, que podrían estarse haciendo largas, deseo que se me permita resaltar las condiciones de extraordinario escritor, historiador, narrador, periodista, orador y promotor de la cultura de nuestro querido e inmortal amigo y mentor, como uno de los más dotados y laboriosos hombres de letras de la República Dominicana, de todos los tiempos, y además, esta publicación, lo exalta, como uno de los laicos católicos más versados en estos temas.

Recomiendo esta obra para la edificación y el disfrute de todos los miembros de la Iglesia Católica, sacerdotes y laicos, así como los integrantes de las Iglesias Cristianas, y para la elevación intelectual de todos los interesados…hombres y mujeres de buena fe.

Finalmente, deseo dar las gracias a doña Miguelina Hernández viuda Lantigua y a todos sus hijos y familiares, por hacerme el inmerecido honor de aceptar, tal y como me lo pidió en vida el autor, que escriba este Prólogo, hecho que al mismo tiempo me permite que redima una deuda de muchos años, contraída en el memorial trascendente de nuestra amistad, ya que él tuvo la generosidad de prologar hace 25 años, el primero de mis libros”: “La Hostos 40 y otros relatos”, y ha querido la Providencia que pueda yo, escribir el Prólogo del último de sus libros: “LA BANDERA DISCUTIDA Crónicas Católicas.” Tags relacionados LAS MÁS RECIENTES allanamiento guerra Edición impresa escasez.

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