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República Dominicana ante el reto de transformar conocimiento en prosperidad

El desafío actual no es crecer más, sino crecer mejor La edición 2025 del Índice Global de Innovación (GII) de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual ( OMPI ) refleja una realidad que República Dominicana debe asumir estratégicamente.

El país ocupa la posición 97 entre 139 economías, el lugar 12 en América Latina y y el 31 entre las economías de ingreso medio-alto.

Más preocupante aún es la brecha entre sus capacidades de innovación y los resultados obtenidos: mientras figura en la posición 84 en capacidades habilitadoras, desciende al puesto 102 en resultados.

Esto evidencia dificultades para transformar conocimiento, talento e instituciones en tecnología, propiedad intelectual y empresas innovadoras.

Esta situación ocurre en una economía que ha mantenido un crecimiento sostenido durante décadas.

Sin embargo, como destacó Víctor Gómez-Valenzuela en el encuentro Marcos regulatorios y mecanismos de financiamiento de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), y emprendimiento en Latinoamérica, organizado por la Red Universitaria por el Avance de la Educación Dominicana (Runed) en la Universidad Iberoamericana, Unibe, buena parte de ese crecimiento ha dependido de la acumulación de capital y empleo más que de incrementos significativos de productividad.

El desafío actual no es crecer más, sino crecer mejor.

No obstante, el principal cuello de botella está en la transferencia tecnológica: aunque las universidades han fortalecido su investigación y producción científica, solo una pequeña parte de ese conocimiento llega al mercado.

La innovación no ocurre automáticamente del laboratorio a la empresa.

Como ha señalado el experto europeo Xavier Ferrás, la transferencia efectiva requiere una interacción temprana y continua entre investigadores, empresas y usuarios finales.

República Dominicana cae al puesto 97 en Índice Global de Innovación

Existe además una fragmentación institucional que limita la colaboración entre universidades, empresas, organismos públicos y entidades financieras.

Asimismo, los recursos disponibles para instrumentos como el Fondo Nacional de Innovación y Desarrollo Científico y Tecnológico ( Fondocyt ) resultan insuficientes para responder a la creciente demanda de proyectos.

A ello se suma una débil vinculación entre las agendas de investigación y las necesidades del sector productivo.

Las experiencias internacionales ofrecen lecciones valiosas.

Costa Rica fortaleció su sistema de innovación creando una promotora que gestiona los mecanismos de financiamiento dando acceso a las academias y al sector privado.

Chile impulsó organizaciones intermediarias especializadas para conectar universidades, empresas y Estado.

México promovió el desarrollo del capital de riesgo.

Estos modelos comparten tres elementos esenciales: continuidad de las políticas públicas, financiamiento sostenible y articulación efectiva entre academia, gobierno y sector privado.

Instituciones como el Ministerio de Industria Comercio y Mipymes ( MICM ), la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), el Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep) y la Asociación Nacional de Jóvenes Empresarios (ANJE) han ejecutado acciones que favorecen de manera positiva estos elementos.

Crecimiento sin productividad: el desafío de innovar mejor

Para República Dominicana, la innovación debe entenderse como una política de transformación productiva.

El objetivo no es únicamente producir más investigación, sino generar empresas de base tecnológica, empleos de calidad, exportaciones con mayor valor agregado y mayores niveles de productividad.

La experiencia internacional demuestra que ningún país ha dado el salto hacia una economía del conocimiento invirtiendo menos del 1 % de su PIB en I+D.

Por ello, una meta nacional debería ser elevar gradualmente la inversión en I+D+i hasta alcanzar ese nivel antes de 2036.

Asimismo, resulta prioritario fortalecer las oficinas de transferencia tecnológica, ampliar los programas doctorales, promover las carreras STEM y concentrar esfuerzos en sectores estratégicos.

En esa dirección, universidades como Unibe han asumido el compromiso de impulsar entornos donde la investigación, la innovación y el emprendimiento converjan para generar soluciones con impacto económico y social.

Más importante que avanzar puestos en el Índice Global de Innovación es construir un modelo económico donde el crecimiento dependa cada vez más de la productividad y menos de la expansión de los factores tradicionales de producció n.

La reforma educativa en curso y las iniciativas vinculadas a Meta RD 2036 ofrecen una oportunidad histórica para lograrlo.

La pregunta ya no es si la República Dominicana debe invertir más en innovación, sino si está dispuesta a convertir la innovación en una política de Estado que permita transformar conocimiento en prosperidad, competitividad y bienestar para toda la sociedad.

Transferencia tecnológica, el principal cuello de botella del país

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