Testimonios de casos reales en Santo Domingo revelan vacíos en la gestión de escenas de trauma
La presencia de guantillas, manchas de sangre y restos de animales en avenidas capitalinas evidencia la falta de un protocolo claro para la limpieza de escenas de accidentes en República Dominicana. La ciudadanía convive a diario con estos vestigios que revictimizan a sobrevivientes y familiares.
El 16 de marzo de este año, un día después de que el periodista Joaquín Caraballo falleciera en un accidente en el elevado de la avenida Luperón, sus compañeros de trabajo recuperaron sus guantillas intactas de la escena. Este hecho, narrado por una ciudadana que prefiere mantener su identidad en reserva, pone de manifiesto la ausencia de empresas privadas de limpieza de escenas de trauma en el país, una labor que en otras naciones realizan compañías especializadas y que aquí parece recaer únicamente en las autoridades, sin que se sepa con certeza cuáles.
El pasado 14 de julio, cuando una patana arrastró un motor en la avenida John F. Kennedy, cobrando la vida de Emely Familia y de un conductor no identificado, la vía pública mostró durante varios días la mancha de sangre como testimonio del siniestro. Más tarde, a mediados de agosto, en el expreso V Centenario en dirección oeste-este, un perro fue atropellado y arrimado al carril izquierdo próximo al puente peatonal cerca de la calle Francisco Núñez Fabián. Allí permaneció hasta hace poco, consumido por el sol y la lluvia, hasta que sus cenizas quedaron impregnadas en las gomas de los vehículos o se esfumaron con el viento.
Estos son solo algunos de los casos que la autora del relato ha podido constatar en su trayecto diario de casa al trabajo y viceversa. Sin embargo, asegura que a diario observa incontables rastros de sucesos en la vía pública: parachoques, luces, cristales, zapatos, textiles y otros artículos que cuentan historias de hechos que, aunque no vivió, revive al verlos. La pregunta que surge es qué ocurre con quienes sí los protagonizaron y cómo enfrentan su duelo con los remanentes en la cara.
Para quienes sobrevivieron, para quienes perdieron a alguien, para quienes fueron testigos y para la sociedad en general, superar tragedias debe implicar, de alguna manera, poder dejar de encontrárselas. La falta de una gestión adecuada de estos restos no solo afecta la imagen urbana, sino que puede revictimizar a quienes han sufrido pérdidas. La autora, egresada de la Universidad Primada de América y con formación en valores cristianos según Colosenses 3:23-24, invita a reflexionar sobre esta realidad que afecta a comunidades en todo el país.



